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domingo, 6 de junio de 2021

Universidades sin presencialidad y en silencio total!!

Un artículo de Héctor Ghiretti"Educación presencial: el atroz silencio de la universidad" 
(link), desnuda el inexplicable silencio de las universidades después de un año y medio sin presencialidad.

Lo que la sociedad espera de las universidades es que hagan el aporte más reflexivo y profundo ante los cambios y sucesos importantes. Que iluminen el sentido de lo que ocurre, que abran horizontes cuando una pandemia planetaria oscurece el presente y el futuro. En las universidades están los investigadores y profesores a quienes se les paga para que piensen, enseñen, escriban, difundan. Por supuesto que hay esfuerzos individuales de algunos de ellos, que a través de Zoom cumplen como pueden su misión. Pero ese esfuerzo individual no trasciende y mucho menos se observa un esfuerzo institucional, ante un problema que afecta a todos los niveles educativos.

Parece que la conclusión de Ghiretti es acertada: " La virtualidad ahorra costos, simplifica la gestión, silencia conflictos y reduce riesgos. Negocio redondo."

Escribe el autor que hay aspectos que suelen pasarse por alto, como si en la universidad la falta de presencialidad no afectara: pero "el déficit de conectividad es similar a otros niveles educativos. La virtualidad es casi una cosa de élites en un país en proceso acelerado de pauperización. Otro actitudinal: las condiciones propias de la virtualidad no favorecen las disposiciones necesarias para los procesos de aprendizaje. Uno relacional: la cancelación de la convivencia universitaria como primera socialización adulta supone un gravísimo déficit para la formación de los jóvenes. Finalmente los problemas que plantean las instancias de evaluación. Se cree que la universidad “sigue”, y no es así."

Los alumnos y las agrupaciones estudiantiles

Al mismo tiempo sorprende el absoluto quietismo de las agrupaciones estudiantiles, un gremialismo que "nunca promueve una mayor exigencia académica, sino todo lo contrario. Pero más allá de la militancia, los alumnos no pueden trascender su propio interés corporativo, determinado por la universidad como centro de expedición de títulos habilitantes: quieren aprobar exámenes y graduarse a cambio del menor esfuerzo posible. La virtualidad, por muchas razones, reduce esas exigencias. Los alumnos universitarios reconocen que aprenden poco y mal pero en su esquema de costo-beneficio prefieren las clases en casa. Una encuesta reciente en Italia ha sido elocuente en este sentido."

Los docentes

En lo que hace a la designación de profesores universitarios "predomina una lógica clientelar: se ha ido formando un vasto ejército de docentes de dedicación simple, es decir, profesionales que por alguna razón complementan su actividad principal con la docencia universitaria. El resultado es un claustro mal pagado, poco comprometido y escasamente predispuesto a asumir plenamente el oficio universitario. Si se suspenden las clases presenciales, tanto mejor."

Como es sabido, los gremios docentes se mueven por una lógica partidaria, "así que en este contexto político la suspensión de la presencialidad les permite evitar la presión que recibirían de parte de las bases por la brutal destrucción del salario docente".

Las  autoridades universitarias y la pandemia

"La universidad pública argentina ha renunciado a guiarse por indicadores de eficacia institucional y función social comprobable. El promedio nacional de egresados en relación con ingresantes es de los más bajos del mundo: en torno al 30%  En este contexto la preocupación principal de los directivos es la puja por porciones crecientes de presupuesto, sin estar por ello obligados a mostrar resultados o ajustarse a criterios de excelencia."

Termina Ghiretti con una conclusión lapidaria: "Excepciones a este panorama existen, naturalmente. Pero el estado general sigue estas líneas maestras. El sistema universitario argentino es ineficaz, obsoleto, elitista, hiperburocratizado y caro. Y va a peor. Mientras tanto, repite la consigna de la educación universitaria pública, laica, gratuita y de calidad, reproduciendo un complejo ideológico fatal, una falsa conciencia de sí."

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Por mi parte adhiero a las consideraciones de Ghiretti. Este blog es sobre la responsabilidad social de las instituciones educativas, y  después de un año y medio de silencio e inacción, me parece pertinente pegar un grito y reclamar a las universidades.



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