Translate

Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bibliotecas. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de junio de 2017

RESPONSABILIDAD SOCIAL CIUDADANA: BUEN VECINO

La Responsabilidad Social es para ser ejercida por todas las organizaciones y todas las personas.
Acá mostramos un ejemplo de un buen vecino, en la localidad de Bellavista, Partido de San Miguel,
Provincia de Buenos Aires (Argentina). El buen vecino es una persona a la que le gusta leer, y pensó que podría hacer un aporte a la calle en la que vive. Consiguió una antigua cabina de teléfonos, la pintó nuevamente de colorado, le puso unos breves estantes, y anunció la inauguración de una "Biblioteca al paso". El cartel dice que cualquiera puede traer un libro y dejar otro en su lugar. Ya varios vecinos le han hecho un buen acopio inicial. Aquí van fotos de la inauguración. Parece una iniciativa muy aprovechable para ser replicada por las instituciones educativas


El vecino con responsabilidad social piensa qué puede hacer por mejorar su barrio, la calle en la que vive, abrirse a la comunidad.

El ejemplo contrario es el de quien se encierra tras los muros, y parece que así manifiesta su rechazo a la comunidad local, y a todo tipo de relaciones amistosas.

sábado, 4 de febrero de 2012

El blog del Prof. Antonio Argandoña


Antonio Argandoña es el profesor de Responsabilidad Social Empresaria del IESE (Barcelona). Tiene un blog en el que diariamente coloca unos posts muy sabrosos. Les recomiendo el sitio http://blog.iese.edu/antonioargandona
Y para tomarle el gusto transcribo uno de sus comentarios de la fecha

               Posted: 04 Feb 2012 01:58 AM PST

               Ya he contado a mis lectores lo bueno que es leer, aunque sospecho que no necesitan que les predique sobre esto. De todos modos, he encontrado en el suplemento Life & Arts del Financial Times de hoy un interesante comentario de Matthew Engel sobre el declive de las bibliotecas públicas en el Reino Unido (“On borrowed time”, aquí en inglés).

               Su punto de partida es bien conocido: los recortes del gasto público caen también, inexorables, sobre las bibliotecas públicas. Engel cuenta algunas anécdotas, incluyendo las reacciones de algunos intelectuales -sin omitir un detalle irónico, cuando compara esas reacciones a las que acompañaron el cierre de muchas estaciones de tren en los años sesenta: bibliotecas y estaciones que “son lloradas por gente que nunca las usó cuando existían”.

               Pero lo que me interesa es las sugerencias con las que Engel acaba su artículo. 1) Lo que la gente (niños y mayores, sobre todo) necesita ahora es, sobre todo, acceso a un ordenador en un lugar tranquilo, con alguien que les ayude en su búsqueda (porque no basta tener acceso a miles de fuentes de información: ahora lo importante es saber cómo seleccionar entre esas fuentes). 2) Las bibliotecas deben seguir siendo una fuente de aprovisionamiento de libros, aunque muchas veces no hará falta que los guarden las mismas bibliotecas, sino que tengan acceso a otras mayores. 3) Si las bibliotecas decaen, dice el autor, quizás haya que buscar otro lugar en que los niños tengan acceso a los libros: ¿qué tal las escuelas?