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martes, 22 de junio de 2021

Carta Magna de las Universidades 2020

 

Nueva versión de la Carta Magna de las Universidades (MCU)

El 17 de junio de 2021 se lanzó la versión 2020 de la Carta Magna de las Universidades (MCU). Se trata de un documento con título en latín, que fue firmado originalmente por 388 rectores en 1988, al cumplirse el 900 aniversario de la Universidad de Bologna. De Argentina, hasta la fecha lo firmaron 8 universidades privadas y 6 estatales.

Contiene principios de libertad académica y autonomía institucional, que siempre han sido muy apreciados como inherentes a la universidad, y se reafirman en la nueva MCU.

En aquel año se quiso mostrar que Europa existía más allá de sus divisiones –todavía estaban en pie el triste Muro de Berlín y el Telón de Acero- y que perduraba desde hacía casi mil años, en particular a través de sus universidades, las instituciones que moldearon sus valores y objetivos de largo término.

El acto de 1988 en Bologna

Me parece valioso transcribir la descripción del acto del 18-IX-1988 en Bologna, que recoge el Observatorio de la Carta Magna de las Universidades  (link).

Unos 500 líderes universitarios habían sido invitados a unirse, con toga y colores, a la función académica organizada en la Piazza Maggiore de la ciudad vieja, a unos cientos de metros del Archiginnasio, la antigua sede de la Universidad. El poder de la inteligencia, es decir, la capacidad de vincular elementos del conocimiento de manera innovadora para el desarrollo social y científico, estaba recordando a sus socios en la sociedad - el gobierno, la iglesia, los ciudadanos, representantes del comercio y la industria -, todos ellos presentes en la plaza como observadores comprometidos, que sus medios y fines están en el centro de la mente y el comportamiento europeos, porque representan una forma de vida y de pensamiento compartidos. Los participantes procedían de toda Europa, Oriente y Occidente, así como de lugares distantes del planeta donde el concepto de universidad había migrado a lo largo de los siglos, de América a Asia, de África a Australia. La solemnidad del ritual, el esplendor del lugar, la belleza de la música y de los textos compuestos por miembros de la Universidad de Bolonia - desde Dante hasta Umberto Eco - dieron un renovado y eufórico sentido de identidad a la comunidad de educación superior en Europa, y más allá, en la medida en que se refiera a principios y normas de trabajo similares.

 

En la nueva versión de la Carta se pone el acento en dos aspectos que cobran actualidad ante los cambios sociales: por un lado, que la esencia de la institución universitaria es idéntica para todo el mundo; al mismo tiempo, se hacen más amplias y urgentes las responsabilidades de la universidad ante las necesidades locales. Es una afirmación escueta, que evita entrar en ningún detalle de esas responsabilidades sociales: “Las universidades reconocen que tienen la responsabilidad de comprometerse y responder a las aspiraciones y retos del mundo y a las de las comunidades locales que sirven, para el beneficio de la humanidad y contribuir a la sostenibilidad.” (link a la Carta Magna).

Acerca de dogmas y libertad académica

A propósito de la libertad académica dice la Carta : “A medida que crean y divulgan conocimiento, las universidades cuestionan dogmas y doctrinas establecidas y promueven el pensamiento crítico en todos los estudiantes y académicos.” 

Con respecto a dogmas y doctrinas establecidas, me parece pertinente hacer notar que las creencias religiosas habitualmente se concretan en unas pocas definiciones de lo que los creyentes creen, y que sirven para no confundirlas con lo que cada uno opine. Creencias o dogmas que la universidad tiene que respetar porque corresponden al ejercicio de la libertad religiosa. Otra cosa muy distinta es tratar de imponer un pensamiento único en cuestiones políticas, culturales o económicas. Para que quede claro pongo un ejemplo de lo que sucede a profesores de las universidades chinas: ““Muchos de estos profesores de la parte continental serán miembros del Partido Comunista Chino cuyo juramento de membresía incluye, entre otros, "llevar a cabo las decisiones del Partido, estrictamente observar la disciplina del Partido, guardar los secretos del Partido y ser leal al Partido ". La lealtad al partido triunfa sobre todo, incluida la libertad académica "(link)

Se trata en este caso, como si fueran definiciones religiosas, de “dogmas comunistas”, dictaminados por el Partido, que no se pueden discutir en las universidades chinas. Mientras no cambie este totalitarismo, no podrían firmar la Carta Magna de las Universidades.




domingo, 6 de junio de 2021

Universidades sin presencialidad y en silencio total!!

Un artículo de Héctor Ghiretti"Educación presencial: el atroz silencio de la universidad" 
(link), desnuda el inexplicable silencio de las universidades después de un año y medio sin presencialidad.

Lo que la sociedad espera de las universidades es que hagan el aporte más reflexivo y profundo ante los cambios y sucesos importantes. Que iluminen el sentido de lo que ocurre, que abran horizontes cuando una pandemia planetaria oscurece el presente y el futuro. En las universidades están los investigadores y profesores a quienes se les paga para que piensen, enseñen, escriban, difundan. Por supuesto que hay esfuerzos individuales de algunos de ellos, que a través de Zoom cumplen como pueden su misión. Pero ese esfuerzo individual no trasciende y mucho menos se observa un esfuerzo institucional, ante un problema que afecta a todos los niveles educativos.

Parece que la conclusión de Ghiretti es acertada: " La virtualidad ahorra costos, simplifica la gestión, silencia conflictos y reduce riesgos. Negocio redondo."

Escribe el autor que hay aspectos que suelen pasarse por alto, como si en la universidad la falta de presencialidad no afectara: pero "el déficit de conectividad es similar a otros niveles educativos. La virtualidad es casi una cosa de élites en un país en proceso acelerado de pauperización. Otro actitudinal: las condiciones propias de la virtualidad no favorecen las disposiciones necesarias para los procesos de aprendizaje. Uno relacional: la cancelación de la convivencia universitaria como primera socialización adulta supone un gravísimo déficit para la formación de los jóvenes. Finalmente los problemas que plantean las instancias de evaluación. Se cree que la universidad “sigue”, y no es así."

Los alumnos y las agrupaciones estudiantiles

Al mismo tiempo sorprende el absoluto quietismo de las agrupaciones estudiantiles, un gremialismo que "nunca promueve una mayor exigencia académica, sino todo lo contrario. Pero más allá de la militancia, los alumnos no pueden trascender su propio interés corporativo, determinado por la universidad como centro de expedición de títulos habilitantes: quieren aprobar exámenes y graduarse a cambio del menor esfuerzo posible. La virtualidad, por muchas razones, reduce esas exigencias. Los alumnos universitarios reconocen que aprenden poco y mal pero en su esquema de costo-beneficio prefieren las clases en casa. Una encuesta reciente en Italia ha sido elocuente en este sentido."

Los docentes

En lo que hace a la designación de profesores universitarios "predomina una lógica clientelar: se ha ido formando un vasto ejército de docentes de dedicación simple, es decir, profesionales que por alguna razón complementan su actividad principal con la docencia universitaria. El resultado es un claustro mal pagado, poco comprometido y escasamente predispuesto a asumir plenamente el oficio universitario. Si se suspenden las clases presenciales, tanto mejor."

Como es sabido, los gremios docentes se mueven por una lógica partidaria, "así que en este contexto político la suspensión de la presencialidad les permite evitar la presión que recibirían de parte de las bases por la brutal destrucción del salario docente".

Las  autoridades universitarias y la pandemia

"La universidad pública argentina ha renunciado a guiarse por indicadores de eficacia institucional y función social comprobable. El promedio nacional de egresados en relación con ingresantes es de los más bajos del mundo: en torno al 30%  En este contexto la preocupación principal de los directivos es la puja por porciones crecientes de presupuesto, sin estar por ello obligados a mostrar resultados o ajustarse a criterios de excelencia."

Termina Ghiretti con una conclusión lapidaria: "Excepciones a este panorama existen, naturalmente. Pero el estado general sigue estas líneas maestras. El sistema universitario argentino es ineficaz, obsoleto, elitista, hiperburocratizado y caro. Y va a peor. Mientras tanto, repite la consigna de la educación universitaria pública, laica, gratuita y de calidad, reproduciendo un complejo ideológico fatal, una falsa conciencia de sí."

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Por mi parte adhiero a las consideraciones de Ghiretti. Este blog es sobre la responsabilidad social de las instituciones educativas, y  después de un año y medio de silencio e inacción, me parece pertinente pegar un grito y reclamar a las universidades.